miércoles, febrero 03, 2010

15.01.10

Me desperté a las siete de la mañana, había puesto el despertador a las diez y me levanté casi a las doce. Me duché como pude y fui a tomar un café y hacer al compra. En el bar en el que pedí el café la chica no me entendió y me puso un cortado en vez de uno con leche.
En las hojas que me había dado el estudiante de la ESSCA (quien pensó que era húngaro, por cierto) ponía que el supermercado más cercano era el Monoprix. Éste resultó ser una especie de supermercado El Corte Inglés y era todo carísimo. Yo ya suponía que las cosas iban a ser un poco más caras que en España pero ¡tanto! La carne es imposible, hasta lo más tirado como una hamburguesa o el pollo vale un pastón. Aunque luego hay cosas raras porque doce yogures valían dos euros y ocho de la misma marca más de dos dos. Tengo yogures para una buen temporada.

Compré también una botella de aceite. Todas eran de cristal. Para más inri las bolsas de plástico que daban en el Monoprix eran de lo más endebles, de hecho una se me rompió nada más dármela y todo el camino iba pendiente de la botella, que no se rompió, pero sí un huevo.

Al llegar a la resi el francés de la ESSCA estaba trayendo a otro estudiante, uno de Filipinas, e iba con más gente, uno que llevaba una cámara y que hablaba español, y otra chica del Welcome Team. Le dije lo de la ducha y se lo dijo a la casera. La conocí y subió a mirarme la ducha.

Arreglado el asunto hice la comida y después encontré al sevillano en el messenger y quedé con él a las seis para comprar menaje y dar una vuelta. Hasta esa hora estuve dando vueltas y encontré la FNAC y más tiendas con cómics. La que había visto en internet no tenía mangas y en otra acabé comprando La femme insecte de Tezuka y el primer tomo de Pascal Brutal.

El sevillano llegó un poco tarde a la oficina de turismo y luego me llevó a la tienda de dos euros, al Monoprix a comprar cosas para lavar y a la tienda de Orange a por un móvil. Luego fuimos a ver a una amiga suya a su casa, donde tomamos una cerveza y después fuimos al Benjhi a tomar una birra, que fueron tres.

Después fuimos al Morini, según ello el mejor kebab de Angers a por unas hamburguesas para comerlas en casa de otro sevillano. Y ya finalmente a casa. El sevillano me dijo de ir a la suya a dormir, pero no quise porque prefería hacerlo en casa y dejar las bolsas de la compra de una vez que las llevaba paseando todo el rato.

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