lunes, agosto 10, 2009

¡Y menos en una noche tan gélida!

El domingo pasado, cuando yo empezaba mis últimas vacaciones del año, al volver a casa me encontré una nota en el suelo que decía que iban a venir los pintores al día siguiente, esos pintores que llevaban viniendo desde navidades. Yo no me lo creí, pero cuando a las nueve de la mañana me pareció que había sonado el timbre, pensé: ¡a ver si va a ser verdad!
Joder si lo era.

El caso es que supuestamente hasta octubre (los asuntos de palacio van despacio) no iban a venir, pero dijo mi hermano que él se encargaba. Y si por encargarse se refería a abrirles la puerta, efectivamente lo hizo. Pero quien se encargó de retirar todos los libros, adornos y recoger todo fue un servidor. Cierto es que me ayudaron, ¡pero eso no era lo acordado!

El caso es que me dijo el pinto que en vez de el azul tan claro que tenía me iba a pintar la habitación de un "azul cobalto precioso". Yo le dije que mientras toda la habitación estuviese igual me parecía bien todo. Sin embargo, a la primera pinelada que vi estuve por decirle que ¡me estaba pintando la habitación de lila!
Y sí, depende de la luz que haya parece lila o un azul cobalto precioso, pero vaya...

Y una semana después, todavía queda un olor a pintura desagradable.

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