viernes, noviembre 11, 2005

La paralela

Yo tenía la cabeza en otra parte, pero todo fue tan intenso que acabé como hay que acabar: con un resacón.


Tenía que trabajar y no pude cenar con los de clase. Encima había preestreno de la película Malas temporadas, y vino Javier Cámara (tengo un autógrafo suyo), el director y mucha gente más, pero también gracias a eso me pude ir antes (o no, porque a las diez yo pensaba que eran las once...).


Total que ya en la calle busqué a los de mi clase y estaban haciendo un quinito, pero a trozos. Resulta que habían hecho tres cenas diferentes, todavía no sé muy bien por qué.

El quinito fue corto, a los cinco minutos ya casi habíamos terminado, más que nada porque una chica ya se había puesto excesivamente a tono, y cinco minutos después se puso en plan fuente vomitando por todas partes (una escena muuuuy lamentable, pero muy divertida). En eso llegaron el resto de las cenas al local y a partir de ahí cada uno se fue por su lado. Me imagino que es muy difícil coordinar a casi cien personas, pero tan poco espíritu de grupo me supera hasta a mí (que soy muy independiente). Me encontré a mucha gente por ahí, me perdí, me encontré con otros, y para las tres y cuarto decidí irme, porque estaba cansado y me molestaban las lentillas, amén de que tampoco me lo estaba pasando bien, ya. Fue pronto, pero sentía que había pasado mucho más tiempo que tres horas.


A ver cuando es la próxima.

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