domingo, marzo 28, 2010

Hombre blanco busca...

Gracias a Francia ya puedo disfrutar de esta piedra elemental del manga. Bueno, no tanto, o quizá sí, si se considera que este fue uno de los primeros seinens en ser publicados fuera de Japón, menos en España, cosa que no entiendo siendo la evolución natural de las obras de Rumiko Takahashi y Masakazu Katsura.

El prota, Suékichi, se despierta un día con una resaca tremenda y una desconocida a su lado. Ese mismo día se entera de que es el heredero de un fortunón, con la única condición de deber casarse, tener un buen trabajo y todo lo típico. Evidentemente el chaval es el típico chico manga torpe y bastante inútil, así que todas las condiciones cumple ninguna exactamente. Encima, en vez de estudiar, dedica su tiempo a un grupo de teatro aficionado, más que nada porque le mola la jefa.

Hasta aquí, ninguna novedad. ¿Por qué es la evolución natural de los dos mencionados autores, pues? Pues porque a la noche siguiente, la desconocida, de nombre Aya, se vuelve a presentar en su casa. Y con este simple argumento Takahashi tendría para rellenar cuatrocientas mil páginas de malentendidos y acabar con una declaración romántica (o no) o Katsura podría rellenar ochocientas mil páginas con sublimes pensamientos filosóficos del tipo: "si muevo un dedo podría tocar un cabello suyo y provocar un conflicto étnico en alguna región perdida de Asia. ¿Lo hago o no lo hago mientras considero las opciones que tengo con el vending de la esquina?".

Pero aquí no, porque en el segundo capítulo... follan. Y repiten. Nada de ñoñerías. Por supuesto, el protagonista es el típico chico manga torpe e inútil anteriormente mencionado, y como tal también cumple el cliché de llevárselas a todas de calle, así que ya os podéis imaginar el drama...

No hay comentarios: