Una de las cosas que sí o sí tenía que hacer al venir a Francia era aprovecharme del mercado francés. Aquí en Francia el cómic es un arte y como tal es respetado (bueno, no todos los artes han sido respetados, pero no es el tema de esta entrada). En las librerías hay amplias secciones de cómic, en el Carrefour hay un amplio lineal de cómics y no sólo los equivalentes Mortadelo y Filemón y compañía y en Angers, para tener doscientos mil habitantes, hay un par de librerías de mangas que para Logroño las querría.Lo de que los mangas sean baratos es una gran mentira. Es cierto que su precio es menor al español, pero la calidad de los españoles bien merece pagar un euro más.
Y uno de los primeros mangas que tenía que comprar eran los tomos nueve y diez de Emma, que me da a mí que en España, jamás.
Bueno, la historia de Emma es bien fácil: chico de buena familia se enamora de una doncella. Amor prohibido, etiquetas sociales, dimes y diretes, qué dirán, bla bla bli, bla bla bla. La historia se acababa en el séptimo tomo y después la autora se marcó tres de historias cortas y los dos últimos Planeta pasó de ellos.
Estos dos tomos son como el séptimo, historias cortas de personajes secundarios. Si has seguido la serie tienen su gracia, son pequeños retratos de la vida cotidiana de los personajes. Pero claro, si hace eones que has leído la serie y no te acuerdas de quién era la amiga que la protagonista tenía en casa de no sé quién cuando no sé cuándo, pues la cosda pierde bastante gracia. De hecho, la primera de las historias trata sobre el amor mutuamente profesado por el matrimonio que acogía a Emma y hasta varios capítulos después pensaba que se trataba de la amante y el padre de la novia de... Y todo así, excepto el capítulo final que pasa lo que tenía que pasar.
La verdad es que es una pena que en España este manga pasase sin pena ni gloria, pero bueno, siempre nos quedará Francia (que se lo digan a MPD Psyco y Kurosagi)

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