miércoles, diciembre 30, 2009

Que pases del Jon Ander, tía

Al final fui a Bilbao con mi hermano. Me iba a dejar tirado nada más llegar y no tenía ganas de quedar con nadie, pero el plan era bueno.

Salimos de Logroño chispeando y en Bilbao hacía buenísimo. Yo no sé por qué el clima no se pone de acuerdo, que es un engorro ir de un sitio a otro con una climatología distinta siempre.

Por la mañana fui en busca y captura de los tomos 9 y 10 de GTO. En Joker no los tenían y me dijeron que el décimo estaba descatalogado. En laFNAC Mangaline ni olerla, no sé si eso será bueno o malo.
Siguiente parada en la plaza de Indautxu. Logré llegar sin perderme y sólo me costó un poco encontrar la tienda. Tampoco los tenían y me dijeron que como habían salido en ese periodo caótico de Mangaline SD aún no los tenía. Así me gusta, dándome ánimos.

La siguiente parada era en Plaza Nueva Cómics. Yo ya me veía volviendo a Logroño con las manos vacías porque aparte de eso no me apetecía comprarme nada. Conseguí encontrar la tienda (mi sentido de la orientación es genial, puedo jurar no saber dónde están las calles buscadas) y vi en tomo 9, y escaneando más estanterías también tenían el 10. Encima me hicieron el 5 % de descuento.

He de decir a los libreros que las librerías que parece que se te van a caer encima son muy románticas y muy desfasadas también, más orden y limpieza, gracias.

Tras eso quedaba media hora para encontrarme con mi hermano en Lejona, que ahora es Leioa, pero esto de los cambios de nombres no sé yo si es correcto o no, además de un rato discriminador, a Bilbao no le han euskaldunizado en toda la cartografía, ¿no lo merece o qué?

Bueno, comimos en casa de mi tía y volvimos a Bilbao. En el metro nos encontramos con una individua que no paraba de repetir la frase que da título a la entrada, amén de vulgaridades varias, y empezó mi periplo de llevar tres kilos de calabaza que destrozaron mi espalda.

Fui a las tiendas del Casco Viejo buscando una librería, pero no la encontré. No sé si sería porque había cerrado o que mi sentido de la orientación ya no funcionaba tan bien como por la mañana.

Aburrido de callejear fui al Corte Inglés donde sufrí el ataque de los viejos verdes en el aseo de caballeros de la planta joven. La vez anterior fue en los baños del Termibus y debo decir que esta vez el señor fue menos lascivo pero igual de indiscreto, volver a entrar al baño detrás mío es muy descarado. Bueno, que me lo tomo a broma, pero cualquier día me violan en una de éstas...

Cansado y agobiado de gente fui a la FNAC, pero había aún más gente y pensé que mejor iba a la estación y esperaba allí tranquilamente, aparte de que llovía a ratos y no era plan estar de tienda en tienda si no pensaba comprar nada y llevando la puñetera calabaza.

El metro me hizo sacar un nuevo bono porque al que tenía sólo le quedaban 77 céntimos, y el viaje sólo me costó 70. Menudos listos...

El bus salía a las ocho. Había quedado a menos cuarto con mi hermano y apareció a menos cinco. Encima no tenía cobertura en el móvil y yo ya pensaba que le habría pasado algo, aparte de que todo el mundo había subido al bus y el autobusero ya hacía ademanes de querer marchar.
En el viaje me quedé enseguida dormido y cuando llegamos a Logroño llovía mogollón. Y así fue el último viaje del año.

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