Llegó el examen de mates. El profesor no encontraba el examen que me había preparado y me puso uno que tenía por ahí de hace unos años. Aún no sé la nota y yo ya me veo aprobado. Ya sólo quedan tres en enero.
Luego del examen fui a mirar mi nota de política. Un 4,75. La verdad que tenía más nota, porque una pregunta no me la puso del todo bien porque la fórmula no coincidía. Sí coincidía, pero con los apuntes de otra profesora mucho más sencillos y amenos. Pero a ver quién era el guapo que le decía al profe que sus apuntes son un asco, me callé y punto. El profe dijo que me iba a poner un aprobado, pero de aquí a febrero puede pasar de todo. Yo por si acaso no me hago ilusiones. Eso sí, no me gusta que me hagan estos regalos, pero por no volver a verle, ojalá lo haga.
Y me planté en vacaciones. Al día siguiente tenía academia, por la mañana me quedé dormido (eh, que en todo el curso no lo había hecho aún) y por la tarde fui pero no hice nada de nada. Estaba destrozado y eso que sólo han sido tres exámenes.
Y con eso, llegó la Navidad.
sábado, diciembre 26, 2009
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