Ha llegado antes de lo previsto. Me había hecho a la idea de que iba a haber uno más, pero once han sido los episodios disfrutados de 90210 antes del parón.
Desgraciadamente, la comparación con la anterior es inevitable, y tener a la anterior en un altar por aquello de los recuerdos de jueventud, también. Y claro está, esta nueva serie sale perdiendo por goleada.
Tiene sus cosillas, sí, pero la sensación de que todo podía haber sido mejor es continua. Para empezar, a Annie ya la podían atropellar o asesinarla o algo, porque es absolutamente odiosa e innecesaria. La serie está falta de tramas: Silver y Dixon se enrollan y a los cinco minutos parece que ya han cumplido las bodas de oro, lo de las drogas del instituto se resuelve tal que chas chas y fiesta. ¿Quién coño era el malo? ¿Por qué no hay consecuencias? al capítulo siguiente todos son súper fans del lacrosse. ¿Jugaría el chivato también o estaba aún castigado? ¿El carácter de Annie es hacer el gilipollas? ¿El director pasa también el mocho por las mañanas? ¿Por qué nadie le da a Annie una buena oxtia? Y Naomi, ¿qué coño espera a tener al latino comiendo de su mano? ¿Por qué en el comedor no se sienta con su amiga Adrianna? ¿Acaso ha sido ésta ha sufrido el mismo síndrome que su novio Navid "en éste salgo y hasta dentro de tres no me veis"?
A ver qué pasa en enero. Eso sí, lo del hijo secreto no inTeresa nada.
lunes, diciembre 01, 2008
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