Aprovechando que estuve en Bilbao el sábado me compré los tomos finales de Maison Ikkoku y Karekano, porque pasaba a esperar que llegasen a la ciudad, situación que podía darse tanto mañana como en dos semanas, y no es plan, porque una cosa es esperar cuatro años a acabar una serie y otra muy distinta esperar días y días porque vives en una ciudad sin distribuidora propia.
Me leí los dos volviendo en el bus y, contrariamente a lo esperado, no me mareé en absoluto.
Primero, Karekano. Un poco chof, porque todo el tomo está dedicado a dar las últimas pinceladas en plan qué felices somos todos y qué hicimos después. Todo muy tierno y mono (cómo ha mejorado el dibujo de la mujer en veinte libros) y algún toque de humor macarra, pero la verdad es que lo mejor de la historia estuvo en el festival del insti y la obra de teatro y el resto es puro relleno.
Pero Maison Ikkoku es otra cosa, harina de otro percal. En este tomo también se dedican a cerrar la trama y los triángulos. Sin embargo no me resultó tan gracioso como los anteriores tomos, no hay tanto enredo. Pero sí mucho dramatismo: casi me pongo a llorar en mitad del trayecto (también es que iba un poco sensible), pero había momentos muy bellos, como cuando Godai da las gracias a todos por haber estado ahí; esa escena me llegó.
Me alivia bastante haber acabado ya de comprar estos mangas, más que nada porque Karekano ha vivido grandes parones y Maison Ikkoku, pese a ser bimestral y estar acabada en Japón, ha salido cuando han querido.
domingo, mayo 14, 2006
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