El día de Reyes siempre suele ser muy aburrido. Levantarse prontísimo para que tu hermano pequeño abra los regalos, comer el roscón para que tu hermano pequeño lo manipule y le salga la sorpresa, volvr a dormir o disfrutar de los regalos, comer y perder el tiempo. Eso era hasta que mi hermano pequeño es menos pequeño y hasta que yo no tenía mi maravilla de trabajo.
Once de la mañana. Suena la alarma del móvil pero paso y vuelvo a la cama.
Un punto indeterminado de la mañana. Hay una explosión en mi cabeza. No sé si ha sido que mi alma ha vuelto de un viaje astral o que se me ha muerto una neurona, pero del susto o la impresión me he quejado en voz alta y mi hermano (que duerme en la misma habitación) me ha preguntado qué pasaba. No ha sido un grito de éstos de película, no penséis, pero ha sido un momento terrible.
Dos de la tarde. Estoy soñando que llego tarde al trabajo, porque ese día entraba más tarde de lo habitual y me había ido a nosédónde, y entre lo uno y lo otro se me olvidaba ir al trabajo. Mi sueño se ve interrumpido por una llamada del encargado. ¡Nooo! Lo que pensaba ha sucedido. Dejo que suene la tortura, en sentido literal y figurado, porque ha sido muy cruel oír sin parar la melodia de Shakira. Cuelga y yo espero que llame a otro, pero a los diez segundos: "Ay, amor, fue una tortura, perderte". ¿Qué pasa?...
Como no me he podido escaquear he entrado a trabajar a las cuatro. Hasta mi hora habitual no ha habido nadie. Luego ya ha venido la peña y no hemos parado, y yo estaba harto... ¡Qué asco! Quiero unas vacaciones ¡ya!
Y encima mañana maratón de Actual y más horas extra.
Aparte de esta jornada de trabajo extra los Reyes me han traído pasta, que está muy bien, el Mario Kart DS, que también está muy bien, y el libro de Scott McCloud La revolución de los cómics, que también está muy bien (las dos últimas cosas me las compré yo y las abrí antes de Reyes).

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